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La vida es peligrosa por culpa de los que se sientan a verla pasar

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La vida es peligrosa por culpa de los que se sientan a verla pasar

Mensaje por Talisman el Sáb Jun 15, 2013 8:32 pm

Se avecinan tiempos complicados que requiren de decisiones que pueden hasta enfrentar hasta poderes del Estado. A Cristina Kirchner solo le preocupa quedarse son la suma el público que incluye inexorablemente un Poder Judicial subordinado a sus decisiones. Buena parte de la sociedad, la más odiada pero también una de las que más daño le puede hacer al gobierno luce enojoda, pero con miedo. Reaccionará frente a lo crucial que se aproxima o continuará inmóvil con los riesgos que ello implica.




¿Recuerdan aquella imagen del "Vamos por todo" en Rosario?
por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh
 
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Las redes sociales, los cafés, las reuniones y tantas otras circunstancias sirven de marco para que una parte de la sociedad, cada día más numerosa, exprese su descontento con la situación política, social, económica más el incierto futuro que avizora la Argentina.
 
No son pocos los argentinos que sueñan con poder emigrar, mientras son muchos los que lo hacen.
 
Un país que lo tiene todo en su  enorme extensión territorial, que viene de vivir un contexto internacional más que magnánimo para transformar su infraestructura, para poder reducir al mínimo los subsidios merced a la captación de inversiones genuinas que generen fuentes de trabajo, para poder incrementar al máximo las fuentes de generación de energía, y para reducir al mínimo su pobreza; obtuvo, a lo largo de una década propicia, un resultado absolutamente adverso.
 
Sin embargo, los Kirchner no decepcionaron.
 
Los que se equivocaron con los Kirchner son aquellos que sabiendo cómo el matrimonio feudal de Santa Cruz gestionaba el Estado provincial, creyeron iba a conducirse de otra forma a nivel nacional.
 
Lo hecho por Cristina y Néstor desde la  Casa Rosada es repetición de lo que  la dupla realizó desde la Casa de Gobierno de la calle Alcorta 231, de Río Gallegos.
 
En la segunda provincia en extensión los Kirchner “fueron por todo todo”, y se quedaron con todo.
 
En la primera aparición pública, en Rosario, después de la tragedia de Once, Cristina dijo “Vamos por todo”, y viene cumpliendo sin respiro su antojo de quedarse con todo.
 
Su expresión no debió provocar sorpresa; Néstor, en vida, al igual que Cristina ya venían haciendo de todo, hasta lo más rayano con lo inimaginable, para alcanzar el objetivo de alzarse con la suma del poder público.
 
Si un profesor emérito en esa vil disciplina les faltaba, lo hallaron y lo acunaron como modelo referencial; fue, el hoy fallecido, Hugo Chávez.
 
Para que nazcan los fanáticos -detrás de estas versiones de dictadores surgidos del voto popular- estos necesitan vivir en guerra contra las corporaciones que, según sus relatos, oprimen al pueblo.
 
Lo cierto es que los reales déspotas de ese mismo pueblo -al que le viven lavando la cabeza- son ellos, quienes deliran por poseer todo el mando y acrecentar sus fortunas personales.
 
Mientras esto acontecía la sociedad argentina, cada día más fragmentada e irascible por acción directa del poder central; vivió una larga siesta principalmente porque cualquier comparación con la crisis de 2002 daba mejor resultado.
 
Como contapartida, la población fue acentuando preocupaciones que muy pocas veces coincidieron con las del gobierno: como la inseguridad, la inflación, la profundización del relato -vale decir la mentira desplazando a la verdad en todo; y lejos, muy lejos, se ubicaba la corrupción.
 
Con el local de baile República Cromañon en forma incipiente, y con la catástrofe de Once mucho más, en el pueblo fue calando la frase, poco llevada a la conducta, “la corrupción mata”.
 
La corrupción mató en Cromañon, en Once, en las inundaciones de La Plata, en Castelar, y mata, a diario, en las pésimas rutas, con el avance incesante del narcotráfico, etc.

 
La corrupción sacó de carrera al procurador general, Estehan Righi, al juez y al fiscal por el escandoloso caso de la ex Ciccone que involucra de lleno al vicepresidente de la Nación.
 
Incluso,el programa televisivo “Periodismo Para Todos” se convirtió en un poderoso resaltador del gran robo de los dineros públicos, con cifras de rating inusuales para un periodístico.
 
La corrupción es causa de la mayoría de los males que la gente ubica entre sus grandes dolores de cabeza que no encuentran solución. Pero, cuando la corrupción es tan grande como la que se vive en estas tierras, se desparrama en casi todos los niveles.
 
Por ende un pueblo con muchos indecentes no acepta o no quiere aceptar la importancia de este flagelo como gran culpable de sus mayores desdichas.
 
Lamentablemente, la ciudadanía ha tolerado los códigos de la deshonestidad coimeando al policía por una infracción de tránsito, al boletero para la compra de “las buenas” entradas para una función de cine, de teatro; así como se habituó la empresa privada a pagar una coima a un funcionario del gobierno nacional, provincial o municipal, para poder concretar un negocio o una aprobación que requiera del Estado.
 
El ejemplo de lo malo cunde, las reglas de la convivencia desaparecen, el individualismo se acrecienta; todo se acondiciona para que el inmoral actúe con mayor impunidad. Hasta la justicia se relaja.  
 
“De la Constitución habla todo el mundo, pero hay que leerla toda", señaló hace muy pocos días Cristina Kirchner. Cabe preguntarse si la dama de negro la leyó íntegra para llevarsela por delante cercenando libertades e introduciendo leyes que la violan.
 
Un paradigma palpable -entre tantos- de la falta de respeto por las instituciones de la República y de su ley más sagrada que acumula la primera magistrada; quien hasta juró por respetarla y hacerla cumplir.
 
Para colmo, buena parte del pueblo carece de conocimientos básicos de educación cìvica. No son pocos los que no saben, al menos, la diferencia entre Estado y gobierno.
 
El sueño de los Kirchner, casi hecho realidad, de que el Estado les pertenece; no le perturba a una elevada proporción de los pobladores de la nación, por no llegar a comprender la gravedad del caso.
 
De esta forma, el argentino, como a otros pueblos subdesarrollados, sólo les preocupa el bolsillo a la hora de votar. No debe extrañar, entonces, que el voto cautivo  del peronismo tenga una piso casi similar al nivel de pobreza.
 
El pobre es más fácil de ser arreado a cambio de un televisor, una computadora o unas chapas para arreglar el techo de la precaria casa.
 
La educación no le importa al populismo, al gobernante autoritario, al que quiere eternizarse en el poder. Su base de sustentación está en el que menos sabe y en las franjas superiores (clase media alta y alta) donde el negociado permite hacer buenos negocios.
 
El gran jamón del sandwich es la clase media. Esta cuanto menor sea, mejor es para gobernantes, como Cristina Fernández viuda de Kirchner, porque es la más arisca; aunque es aletargada a la hora de manifestarse, quizás por ser la que más miedo tiene.
 
Ese miedo tal vez se deba por ser el segmento que más tiene que perder.  Los pobres no arriesgan nada; mientras la clase media alta y la alta son las que disponen de más medios para protegerse.
 
La guerra por el poder que la presidente libra, ahora,  es contra el Poder Judicial, parte del cual le quita el sueño.
 
Es el único poder, por el momento, que la puede poner en jaque por temas relacionados con el gran atraco a los dineros de todos. En el que durante esta década amoral pone en el mismo banquillo de los sospechados a su esposo muerto, a ella, a casi todos los integrantes de su gobierno y a empresarios amigos.
 
Es esa misma Justicia, que la mamá de Máximo y Florencia desea vengarse, por aquel recordado 7-D donde ella se tuvo que quedar con las ganas de desguazar el Grupo Clarín.

 
Basta traer uno de sus dichos, para reconocer que estamos ante un impensado enfrentamiento de dos poderes del Estado. Cristina Fernández dijo:
 
“Seguramente esta democratización de la Justicia también me va a acarrear algunos problemas. Pero yo estoy dispuesta a enfrentar todo con tal de dejar un país mejor organizado”.
 
Con la mentada “democratización de la palabra” se creó el gran monopolio informativo oficial, que alberga el 85% de los medios de comunicación del país alimentando la ficción.
 
Con la misma palabra pretende hacer una justicia que solo obedezca a la exitosa abogada. Si no lo logra por la vía que  empleó, por ser inconstitucional; muy probablemente vaya por cambiar el número de ministros de la Corte.
 
Con el “Vamos por todo” Cristina pisoteó la democracia y la República; y dejó bien en claro que ella no concibe que su poder tenga límites.
 
Como la lucha de la presidente y de sus lacayos no es la gestión para solucionar los problemas del pueblo, sino ganar elecciones y aniquilar cualquier obstáculo que se le presente; ninguno de los temas que preocupan al ciudadano encuentran solución.
 
Todo se emparcha, nunca se atacan las causas.
 
Por lo tanto, como a un enfermo mal tratado, la situación de los habitantes del país vive agravándose.
 
Ser argentino origina un desgaste enorme, que se paga hasta con la propia salud.
 
Frente a este panorama nada placentero se expone en demasía la debilidad que presentan los habitantes para presevar sus libertades y el respeto de sus instituciones.
 
Más que apropiada resulta ante este horizonte la frase de Albert Einstein:
 
“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
 
La pregunta que cabe responderse es:
 
Los argentinos quieren ser ¿extras o protagonistas? de esta parte de una larga y agotadora película -que es la vida misma- y que entra en un zona de altísimo riesgo para su propio porvenir.
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